Una relación está constantemente en construcción y evolución. El simple hecho de que dos personas se amen y hayan decidido compartir su vida juntos, no quiere decir que en su relación no existan problemas, ni altibajos. Al contrario, hasta las parejas más estables pasan por una, o más crisis.

Cada pareja es diferente, y cada una de ellas tiene sus propias debilidades, fortalezas y conflictos. No obstante, hay unos que son comunes entre la mayoría, y son famosos por desestabilizar la relación, aquí te presentamos 4 de ellos.

Cuando termina el enamoramiento

La primera de las crisis más comunes que podemos ver entre las parejas estables es el fin del enamoramiento. La ciencia dice que después de un año de relación, ocurre una ruptura de los ideales románticos. Ahora la persona que tenemos al lado, no es ese ser perfecto y extraordinario que idealizamos, y pensábamos que teníamos, los primeros meses de la relación. Al contrario, en este momento todos los defectos salen a la luz y queda de parte de nosotros reajustar nuestras expectativas y aceptar a quien tenemos lado.

No obstante, según las estadísticas, muchas de las parejas que solían parecer perfectas, terminan luego del año al no poder superar esta primera crisis. Pero cuando hay amor real, más allá del ideal, el amor, y el amar, ganan la partida y la pareja sigue viento en popa con la relación.

Consolidarse como una relación

Muchos lo llaman “pasar al siguiente nivel”, cuando luego de tres años las parejas sienten que deben llevar su relación a un punto más alto como: vivir juntos. En este punto ocurre un reajuste de la relación y puede resultar en inestabilidad o en una buena convivencia. No obstante, el miedo a dar ese siguiente paso puede llevar a la ruptura o al distanciamiento, resumiendose en el miedo al compromiso que tiene uno de los dos y que acaba con lo que durante tanto tiempo les costó construir.

Un nuevo integrante

Cuando llegan los hijos, la relación debe reestructurarse. Aunque puede ser de las mejores cosas que les hayan pasado, un hijo puede sacar a flote algunas de las grietas presentes en la relación y hacer que toda la estabilidad se vea comprometida. En esta etapa, la pareja debe asumir un nuevo rol y las prioridades de ambos cambian. Ahora, el hijo es más importante y puede que hayan desacuerdos en cuanto a la manera de crianzas, regaños, formas de vestir, los abuelos, etc. Sin embargo, si la pareja logra superar estas dificultades, se convertirán en una gran familia.

La partida de los hijos

El problema no es solo cuando los hijos llegan, también cuando se van. Cuando los niños crecen y deben dejar el hogar, la pareja vuelve a encontrarse en intimidad después de tantos años. Por su parte, cada uno debe entender lo mucho que ha cambiado y que ambos deben volver a conocerse y enamorarse nuevamente.

Como puedes ver, son muchas las dificultades que puede tener una pareja. No obstante, lo mejor es ver cada una como un reto que fortalecerá la relación y que puede ser superado con amor.