Si tuviera que resumir en una sola palabra todo lo que experimenté, sería “Espera”. Siempre esperé, cada día estaba esperando algo, una señal de que estuvieras listo para entregarte solo a mí. Mi vida a tu lado fue una constante espera de algo que nunca llegó. Esperaba que te involucraras en la relación, que respondieras a mis mensajes, mis llamadas, que me eligieras finalmente. Que te sintieras seguro de mí.

Si no me hubiese detenido de seguirte de un lado a otro, todavía estuviera esperándote. Te habría dado hasta miles de oportunidades, creo que lo hice en realidad, no estoy segura.  Pero sin importar cuantas oportunidades te diera, el resultado siempre era el mismo, nunca me habrías escogido porque no vas a cambiar. Jamás me habrías amado tanto como yo te amé.

Las cosas no se hicieron más fáciles al darme cuenta que esperar no valía la pena. Simplemente me di de frente con la dolorosa realidad. Ya perdí demasiado tiempo con la esperanza de que finalmente me notaras, me vieras y comprendieras que podíamos ser felices si nos hubieras dado una oportunidad.

Ahora sé que nunca lo hubieras hecho, ¿no es verdad? Estabas tan ocupado buscando más opciones, intentando conocer el mundo y todas sus posibilidades que solo me veías como una más en tu lista de posibles amores pero no como la única. Mientras indagabas en otros lugares me mantuviste lo más lejos posible de tu corazón.

Nunca me hablaste de cosas importantes, pero fue en las pequeñas conversaciones donde me dejabas ver una parte de ti que me fui enamorando. Me abrazabas fuerte y me besabas con pasión, así que, ¿cómo no iba a creer que tenías sentimientos reales por mí? Siempre soñé con revivir esos momentos, pero después solo ponías distancia entre ambos.

Hiciste lo mínimo para mantenerme cerca pero nada más. Ese mínimo te funcionó por mucho tiempo porque yo te seguí esperando. En el fondo de mi corazón sabía que siempre estaba la posibilidad de que volvieras a mí sin importar cuanto tiempo estuviéramos lejos.

Sabías que en ese momento eras más fuerte que yo y que con paciencia seguiría esperando. Sabías cuán profundo era mi amor por ti y te aprovechaste de eso para seguir siendo una opción más. Nunca fui tu prioridad, me lo demostraste tantas veces con palabras y con acciones. Yo solo fui la chica de las migajas de tu afecto. Y ese fue mi enorme error, dejé que me usaras, que me maltrataras.

Me conformé y me convertí en solo una opción. Me contentaba con menos de lo que merecía, yo misma me hice daño al quedarme a tu lado. Hice que mi corazón se rompiera en mil pedazos de tanto esperar.

Me contabas las historias que quería oír, esa en la que ambos teníamos un futuro juntos. Tú me decías todo y yo te creía. Supongo que cuando inviertes todo tu corazón en alguien, pierdes los sentidos, eres fácilmente maleable y te vuelves incapaz de enfrentar la realidad.

Lo que finalmente me abrió los ojos fueron las lágrimas, fueron muchas, muchas lágrimas. Me sentí como si estuviera frente a una pared que jamás me permitiría llegar a ti. Me entregué por completo pero tú nunca te esforzaste en hacer lo mismo. Diste mi amor por sentado y pensaste que sería suficiente.

Pensé que así sería siempre mi vida hasta que finalmente logré ver las cosas como en verdad eran. Entendí que de quedarme contigo poco a poco me enfermaría. Cada vez que sentía que avanzábamos, tú me decepcionabas. Cada vez que hacías algo para verme feliz, terminaba pagando el precio con más lágrimas.

Entonces supe que tuve que ponerle fin. Ya no podía permitir que me siguieras tratando así. Decidí respetarme y darme el valor que merecía. Tenía que proteger mi corazón. Yo me convertí en mi prioridad para que así me dejaras de tratar como una simple opción.