Muchas personas se pierden en la vida esperando que su pareja o la persona que aman les devuelva el mismo amor de forma real. ¿Te pasa? Te miras en el espejo y lo ves todo: Una sonrisa perdida, círculos oscuros bajo los ojos, máscara para pestañas corrida sobre la piel por el llanto. Ves la forma en que te estaba destruyendo ese amor, pero igual no logras dejarlo ir.

Te pones de pie y estás dispuesta a seguir dejando entrar el dolor a tu vida y la agonía con la esperanza de que un día se te devuelva el amor que tanto has dado; no te das cuenta que algunas heridas y angustias desde ese momento serán irreparables.

Tú no tienes la culpa de esas heridas pero está en ti decir “ya basta” a la consecución del dolor. ¿Cómo? Cuando finalmente entiendes que no puedes hacer que alguien te ame de la forma en que quieras ser amada, sin importar cuánto lo intentes.

Es entonces que dejas de esperar. Pones de lado recuerdos debido al dolor que te provocan. Recuerdos que solo te llevan al tiempo en que quien tanto amaste estaba enamorado de ti y en cómo fallaste en hacerlo tuyo. Es una especie de tortura emocional que tú misma puedes alejar.

Te das cuenta además, que hay alguien por allí perfecto para ti. Alguien con quien el amor no parezca un episodio de dolor en la vida. Alguien que no te hará sentir insegura y te demostrará siempre su amor. Hay alguien que te amará y estará presente para apoyarte cada vez que lo necesites. Y no solo eso, también te empujará una y otra vez para que veas tus sueños realizados.

Ahora lo entiendes, nunca fuiste la mujer para él y él ya no era el hombre para ti. No estaban destinados a estar juntos. Y eso está bien.

Porque cuando finalmente lo entiendes, deja de dolerte el pecho y el alma. Allí está la belleza de dejar ir a alguien en serio que no estaba destinado a ti; te despegas y viene la sanación.

Una vez que tus manos estén libres de ese apego a él, puedes mirarte y amarte como lo mereces, levantarte y alcanzarte una vez más. Incluso cuando tiemblas del dolor por la inevitable ruptura. Poco a poco recoges todas las piezas rotas de ti misma, y con mucho amor propio, las vas pegando de nuevo.

Es una sensación liberadora, desatarse de un vínculo emocional. Y, honestamente, se siente bien dejar de esperar eternamente que las palabras vacías y las promesas de alguien más se vuelvan reales.

Ahora, eres una persona completa. Y es que tú no mereces ser amada a medias. Nadie lo merece. Cuando tú te das cuenta de lo que realmente mereces, ya no permites que te vuelvan a herir esperando que algún día sientan el mismo amor hacia ti.