Hombre se sienta a un lado del ataúd. Su triste despedida a quien fue su esposa por 60 años toca a millones


Esta es una historia de amor, no una como la que comparten los jóvenes llenos de pasión y hasta el tope de hormonas. Tampoco ese tipo de amor que experimentan los recién casados cautivados con la idea de devoción exclusiva y el felices para siempre.

En un mundo como el que se desarrolla hoy en día, donde los votos de amor se rompen tan rápido, esta historia es un diamante con diseño exquisito. Este es un hombre, un hombre quebrantado, vigilando fielmente su posesión más preciada, él es el amor personificado.

Al entrar en la habitación donde yacía su esposa, sus pasos eran lentos pero la determinación no lo desanimó. Su mirada estaba fija en su destino justo al frente. Un cofre de acero gris bajo luces que la iluminaban. La mitad de su tapa estaba abierta y la otra mitad cerrada y adornada con flores frescas y cintas con las palabras “esposa” y “madre”.

Al acercarse se inclinó y beso los labios pintados de la mujer. El cuerpo frágil del hombre temblaba para mantenerse erguido. Y entonces le brindó unas palabras suaves, cargadas de amor. Palabras que seguro le dijo tantas veces en vida pero esta vez estaban llenas de adiós, de final.

“Sé que no puedes escucharme”, le susurró. “Pero te amo”.

Y las lágrimas empezaron a salir por sus tristes ojos. La visita familiar estaba programada para una hora más tarde pero él llegó temprano para su amada; no iba a desperdiciar los últimos momentos a su lado. Por más de 60 años estuvieron juntos, pero el tiempo nunca era suficiente, ni siquiera estaba cerca.

Entonces tomó una silla y se sentó a su lado. Con un bastón a su lado derecho y su esposa fallecida a su izquierda, él solo se sentó por casi una hora. Le frotaba los brazos y le daba palmaditas en las manos, con verlo se creería que él la estaba consolando; sin embargo, era él quien se reconfortaba a sí mismo.

No le molestaba que su piel estuviera fría, su cuerpo rígido ni que no pudiera responder a sus palabras. La escena podría parecer a una escena completamente normal de cualquier noche juntos en casa; exceptuando claro las flores y los regalos que la acompañaban. Cuando los familiares y amigos empezaron a llegar, él todavía estaba sentado, sostenía la mano de ella y acariciaba su cabello.

“Se ve bien, ¿no?”  ―preguntó a sus hijos cuando se acercaron. Todos estuvieron de acuerdo y lloraron con él.

Por al menos cinco horas se quedó cerca de ella, agotado hasta que su cuerpo le exigió descanso y su mente rogó por un respiro. Este hombre devoto, mostró más gracia en su tiempo de dolor que muchos en tiempos de abundancia. El exhibió sin intención el amor más profundo y la fidelidad más fuerte que siempre sintió hacia su esposa.

Ver a un hombre tan destrozado y despojado de su felicidad por la muerte te hace preguntarte, ¿qué hará ahora mañana y el día después de ese? Ese momento fue la parte más fácil de aquella partida porque la tenía a su lado, la podía tocar, ver y besar. Pero mañana, después que ella tenga un nuevo hogar en la tierra y él vuelva a casa, ¿qué pasará?

Todo de ella seguirá impregnada en su hogar, el olor de su piel, las listas de compras sobre la mesa, su silla favorita, sobras en la nevera, su cama. ¡Su cama! ¿Cómo duermes solo después de 60 años de acostarte al lado de tu mejor amiga, tu mejor persona, el amor de tu vida? Es doloroso incluso imaginarlo.

Ésta es una historia de amor.