Albert Einstein (Ulm, Imperio alemán, 14 de marzo de 1879-Princeton, Estados Unidos, 18 de abril de 1955) fue un físico alemán de origen judío, nacionalizado después suizo, austriaco y estadounidense. Es considerado el científico más conocido y popular del siglo XX. Contando con solo un año de vida, su familia se mudó a Munich. Allí, su padre y Jakob, su hermano, emprendieron un negocio de agua y gas que les fue muy bien y, por eso, abrieron otro negocio de electrodomésticos.

Albert, desde niño fue muy tranquilo y su desarrollo intelectual iba con lentitud, motivo por el que, tal vez, desarrolló la teoría de la relatividad. Según las propias palabras de Einstein “a las personas adultas no le interesan los problemas sobre el tiempo y espacio debido a que todo el conocimiento y las preguntas las desarrollan desde la infancia. Gracias el lento desarrollo no me planteé preguntas sobre el espacio y tiempo hasta ser mayor.”

¿Creía Einstein Dios?

Durante las conferencias que daba en las universidades de Estados Unidos, una de las preguntas que más se le hacía era la siguiente:

-¿Cree usted en Dios?

Y el físico siempre respondía lo mismo:

-Creo en el Dios de Spinoza.

Spinoza fue uno de los grandes filósofos racionalistas del siglo XVII. Este es el pensamiento de Spinoza sobre Dios:

“Deja de rezar y golpearte el pecho, mejor sal de tu mundo y disfruta la vida.

Goza la vida, diviertete, canta, disfruta todo lo que he hecho para ti.

¡Ya no quiero que visites templos fríos y oscuros que tú mismo construiste y que dices es mi hogar!

Mi hogar no está en un templo sino en las montañas, bosques, ríos, lagos y playas, ahí radica mi verdadero hogar donde expreso el amor que te tengo.

Ya no me culpes a mí por tu patética vida, nunca te he juzgado o he dicho que eres un pecador, tampoco te he señalado por tu sexualidad.

No te dejes engañar y disfruta el s 3 x 0 que es un regalo para que expreses tu amor y la alegría que sientes. No me culpes por lo que los demás te han hecho creer.

Ya no leas esos falsos escritos que hablan sobre mí, si no puedes leerme en un hermoso pasaje, una mirada tierna o un lindo amanecer, no me encontrarás en ningún lugar.

Por favor ya no me pidas nada y déjame hacer mi trabajo.

No tengas miedo, no te voy a juzgar, ni te criticaré por lo que hagas, tampoco te he de castigar, soy alguien que sólo da amor.

Ya no me pidas perdón, no hay nada de que perdonarte, yo te hice tal y como eres, alguien lleno de amor, de pasiones, de limitaciones, de placeres, de necesidades, incoherencias, de sentimientos y de libre albedrío, entonces ¿Cómo puedo culparte de algo si yo te hice así? ¿Qué clase de Dios puede hacer eso y sentenciar a sus hijos a las llamas cuando han de portarse mal?

Aquellos mandamientos que supuestamente yo cree solamente son artimañas para manipularte y hacerte sentir culpa por todos tus actos, así que olvida todas esas leyes, sólo pretenden mantenerte controlado.

Solamente te pido que respetes a tus semejantes, no hagas lo que no desees para ti, que pongas mucha atención en tu vida, que las alertas sean tu guía.

Hijo mío, la vida no es una difícil prueba para el acceso al paraíso, la vida es lo único que hay y lo que necesitas, aquí y ahora.

Eres libre de hacer lo que quieras, no hay castigos ni premios, no existen virtudes ni pecados y no te preocupes, nadie lleva un registro ni un marcador de todo lo que hagas.

Eres libre de hacer de tu vida lo que quieras, sin un paraíso o un infierno.

Nadie tiene el poder para decir qué hay después de la muerte pero si de algo te sirve, vive tu vida como si en verdad no existiera nada, como si fuera tu última oportunidad para amar y disfrutar, para sentir y existir.

Si no existe nada después de la muerte al menos habrás disfrutado de esta oportunidad que te di, pero si en realidad existe algo no te preocupes, no te preguntaré si te has portado mal o bien, ni siquiera lo que hiciste cuando estuviste vivo.

Ya no quiero que creas en mí porque creer es suponer, sólo quiero que me sientas dentro de ti, quiero que me sientas en cada beso a tu esposa, en cada abrazo a tu hija, en cada caricia a tu perro.

No soy alguien ególatra como tú me crees, así que deja de alabarme.

No me gustan las alabanzas ni que me agradezcan por todo, si en verdad me quieres demostrar tu fe, cuídate tú mismo, tu salud, tus relaciones, demuéstrame lo alegre que eres, esa es la única forma de alabarme.

Ya no te compliques las cosas y no repitas como perico todo lo que te han enseñado de mí.

Este mundo está lleno de maravillas, así que disfrútalas que es lo único seguro que tienes.

No necesitas milagros ni explicaciones sobre mi existencia.

Así que no me busques ahí afuera que no me encontrarás, me encuentro latiendo dentro de ti, recuérdalo”.

Y tú, ¿crees en Dios? ¿Crees, al igual que Einstein, en el Dios de Spinoza?