¿Te has preguntado qué es lo que motiva a las personas a beber, fumar o incluso dedicarse a las drogas recreativas? ¿Por qué pasan por alto los efectos adversos para la salud física y mental de esas sustancias? ¿Qué motiva a una persona, por ejemplo, a tomar una copa de vino a diario? Investigadores de la London School of Economics buscaron dar respuesta a esas preguntas a través de un estudio titulado “Inteligencia y uso de sustancias”. Al parecer, consumir alcohol u otras sustancias es un signo de mayor inteligencia. ¿Será?

En específico, el estudio explicó que mujeres con títulos universitarios más altos tienden a beber el doble cada día en comparación con mujeres que no asistieron a la universidad. La investigación se basó en datos acumulados en personas alrededor de los 39 años de edad, y en los hombres prácticamente sucede lo mismo.

Se descubrió que las mujeres educadas eran 71 por ciento más propensas a beber la mayoría de días. Y los hombres con calificación educativa similar tenían 49 por ciento más de probabilidad de consumir licor.

La inteligencia y la búsqueda de lo novedoso

De acuerdo con la Hipótesis de Interacción de Savanna-IQ:

“Los individuos menos inteligentes tienen más dificultades para comprender y tratar con entidades y situaciones evolutivamente novedosas que no existían en el entorno ancestral. Entidades evolutivamente novedosas que los individuos más inteligentes tienen mejor capacidad para comprender y tratar. Incluye ideas y estilos de vida que forman la base de las preferencias y los valores.”

De hecho, las sustancias psicoactivas como el alcohol, el tabaco y las drogas que han estado disponibles en los últimos 10.000 años de la humanidad, se consideran como entidades evolutivamente novedosas.

El psicólogo evolutivo Satoshi Kanazawa, autor del estudio junto con Josephine E.E.U. Hellberg, encontró  una correlación entre el nivel de inteligencia de una persona antes de los 16 años y su frecuencia de consumo de alcohol cuando llega a los 20, 30 y 40 años de edad. Tomando como base de datos de análisis información suministrada por el Estudio Nacional de Desarrollo infantil en el Reino Unido dedujeron que los jóvenes brillantes que se les hicieron las pruebas crecieron para consumir más alcohol a los 20, 30 y 40; lo mismo sucedió en Estados Unidos.

Las personas inteligentes sí beben más

El estudio también determinó que es un hecho que las personas más inteligentes sí beben más y no tiene nada que ver con estatus social, ni porque tuvieran trabajos “importantes” que los agobiara. Sus tendencias a consumir alcohol dependía de su nivel de inteligencia.

Esta idea se respaldó con otro estudio realizado por investigadores finlandeses que examinaron 3.000 gemelos idénticos. En sus informes se reveló que el gemelo que conseguía hablar primero también era el primero en tomar alcohol y se inclinaba más a la bebida que el otro en la adolescencia.

Las habilidades verbales son un signo de inteligencia social. Por tal motivo, el gemelo que desarrolló primero el habla tenía más amigos y se incluía más en situaciones relacionadas con el consumo de alcohol. El dominio del habla también es signo de que el niño tendrá mejores promedios académicos más adelante.

Los autores creen que la razón es que la inteligencia está asociada a la curiosidad y al impuso de adentrarse en nuevas experiencias.

“El rendimiento cognitivo y las habilidades de lectura en la infancia están relacionados con tendencias de búsqueda de estimulación más altas.”

El coeficiente intelectual y la elección de alcohol

También se han llevado a cabo estudios para ver si hay relación entre el coeficiente intelectual y la elección de alcohol. Como resultado, las personas inteligentes se inclinan más al vino que cualquier otro tipo de alcohol. En otro estudio se analizó el coeficiente intelectual de 2.000 hombres daneses y sus preferencias de consumo entre los años 50 y 90.

Entre los que preferían el vino casi el 40 por ciento eran los que tenían los puntajes más altos de CI y solo 13 por ciento de los que tenían un puntaje bajo prefería la bebida. Los resultados en ese caso también mostraron relación con el ingreso de una persona, sus calificaciones educativas, su estatus social y su nivel de inteligencia.