Lo que sucede de desastroso en el corazón de un niño que no es amado


Ningún padre tiene el coraje de admitir que no ama realmente a su hijo. Aunque suene descabellado, esto pasa con más frecuencia de la que debería. Solamente hay que mirar más allá de la pequeña carita sonriente de un niño y darse cuenta de que no es realmente amado en su casa.

La diferencia que puede existir entre un niño que es amado y aceptado en su casa, con uno que no lo es, resulta gigante. Sólo basta con sentir su energía y descubrir su carita apagada para darse cuenta de que no es realmente feliz. Por otro lado, las razones para que exista esta falta de amor son muchas, una de las más comunes es que quizás la decisión de tener un hijo no obedeció a un deseo de los padres y simplemente no hay lugar en el corazón para ese niño.

Asimismo, cuando un niño crece en medio del desafecto, desarrolla conductas que expresan su desconcierto y su dolor. Sin embargo, ni él mismo entiende lo que sucede y solo percibe un lugar amenazante en el que se siente solo y poco querido. No obstante, la situación suele complicarse más cuando estos padres no admiten el rechazo al niño, y solo buscan justificaciones para explicar el desafecto, provocando que el pequeño termine confundido y creyendo que él tiene la culpa de todo.

El niño no querido y la culpa de los padres

Existen los padres que justifican su falta de aprecio diciendo que el niño es insoportable o que solo los exaspera. Sin embargo, aunque muchos padres dicen esto, realmente estos escenarios suelen suceder cuando ellos pierden el control y cuando tienen un nivel de estrés muy alto antes de interactuar con su hijo. Por otro lado, algo similar ocurre con su hijo cuando se le exigen muchas cosas que no corresponden a su nivel de desarrollo, teniendo como consecuencia su frustración y sentimiento de incompetencia por culpa de padres que no lo comprenden, o no le tienen paciencia.

Más allá de esto, el niño seguirá sintiendo que no lo aman y percibirá que todo de él le molesta a sus padres. Asimismo, como no puede entender la situación, solo sabrá que nada de lo que haga es suficiente para ganarse el amor de sus padres y creará una autopercepción negativa e indefensión aprendida.

Las consecuencias de la falta de afecto

Cuando un niño no se siente querido por su familia, su corazón se rompe. A su corta edad no logra entender el sufrimiento y el dolor que está experimentando, por lo cual lo manifiesta de manera indirecta a través de ciertos comportamientos.

Estas son unas de las muchas conductas que pueden revelar la carencia de afecto en un niño:

  • Tiene miedo y fobias. Como a la oscuridad por ejemplo, o algunos objetos, personajes, animales o a ciertas situaciones de la vida.
  • Es impulsivo. No se controla a sí mismo, por lo que en cualquier momento puede explotar de ira, risa, llanto o miedo y sus emociones siempre son exageradas.
  • Se vuelve inestable. Cambia constantemente de conducta, siempre quiere una cosa diferente todos los días y nunca está conforme.
  • Es ansioso. Nunca puede quedarse quieto, o siempre tiene la necesidad de estar curioseando algo sin importar que le digan lo contrario.
  • No se concentra. Se el hace imposible fijar la atención en algo, por lo que es normal que tenga problemas en el colegio.
  • Quiere ser invisible. Trata de esconderse, taparse los ojos y actúa como si él no existiera.
  • No es sociable. Y puede llegar a sentirse incómodo con otras niños o personas adultas.
    Es desconfiado. Se vuelve inquieto, necio, confuso y por lo general, siempre está triste y ansioso.

Todas las personas, y en especial los niños, siempre van a necesitar de abrazos, cariños y de palabras bonitas durante toda su vida. En los primeros años de vida, es crucial que existan las muestras de afecto. Aunque no lo creamos, son parte de las necesidades básicas como dormir, comer o ir al baño. Una vez nace un hijo, siempre debes trabajar para lograr que se sienta amado en la familia.

Fuente: La mente es maravillosa


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