El hecho de que un niño empiece a tener malas costumbres u olvide sus valores principales no empieza en la calle como muchos dicen. Esa pérdida inicia es en el mismo hogar en el que conviven cada día. Esto es cuando hay una madre ocupada, un padre desinteresado, necesidades básicas no atendidas y frustraciones no tratadas. Los niños son muy maleables, los adolescentes aún más.

Un adolescente puede apartarse de sus bases del hogar después de tener una infancia de desapegos y de un amor de familia incapaz de educar, orientar y ayudar como es debido. Por supuesto, siempre hay excepciones, hay jóvenes maduros que al contrario de dejarse influir negativamente por una familia desinteresada, esto los motiva a ser mejores en la vida.

Pero siempre hay hechos puntuales de una familia disfuncional que pueden alejar por completo a un niño o adolescente de las buenas raíces. Lo que acontece día a día en cada hogar puede marcar el comportamiento de un niño cuando está fuera de casa.

A veces, los padres no aceptan esa responsabilidad

Si un niño presenta conductas agresivas en la escuela y las autoridades correspondientes se ponen en contacto con los padres, lo más usual es que los mismos culpen al sistema, a la institución y a la comunidad escolar por no “saber educar” a su hijo. Le pasan la responsabilidad a otros para sentirse libres de culpa sobre cómo actúan sus hijos.

Es cierto que a la hora de educar a un niño, todos son fuentes determinantes, la escuela, los maestros, la sociedad, los medios de comunicación y claro, los padres y la familia. Pero es la familia la que germina en su cerebro el concepto básico de respeto, de empatía, de autoestima y comprensión.

Los hijos son el legado más importante para el futuro de la humanidad

Con esto se trata de poner sobre la mesa una alarma y un sentido de responsabilidad sobre la importancia de la educación de los niños en casa. Muchos terapeutas, orientadores en las escuelas y pedagogos tienden a quejarse mucho de la falta de apoyo familiar cuando se debe hacer una intervención a un niño o adolescente problemático.

Cuando hay problemas emocionales o de aprendizaje en clases, es claro que se deben tomar medidas. Si la familia no está dispuesta a apoyar porque cree que es trabajo de alguien más, entonces ya se genera un enorme problema adicional en el niño.

Si un padre o madre desautoriza o pone trabas a un profesional, a su maestro o al mismo psicólogo para atender un problema en el niño, solo conseguirá que además de seguir perdido y desorientado, su condición empeore. En ese caso, el adolescente se verá con más poder para desafiar y buscar en la calle lo que no logra encontrar en casa y lo que el mismo sistema educativo no le puede proporcionar.

Niños difíciles y padres ocupados

Muchos niños son particularmente difíciles y demandan de mucha atención para dirigirlos hacia el camino correcto. Algunos pequeños pueden incluso ser unos tiranos de media estatura. Así también, hay adolescentes incapaces de asumir responsabilidades llevándose hasta límites negativos; los puede hasta hacer convertirse en delincuentes. Seguro conoces algún caso, así que eso no es nada nuevo, esto no es a causa del Internet, o los videojuegos ni por un sistema educativo muy permisivo.

No se puede definir una patología para los problemas de la infancia y la adolescencia. Es necesario asumir la responsabilidad de lo que sucede como educadores, como profesionales de salud y claro, como padres. Por lo tanto, hay que entender que antes que nada los niños son hijos de sus padres. Si un profesor advierte sobre un comportamiento no es para juzgar a su familia, es para hacer entender que ciertas cosas en casa se están proyectando de forma errónea y se debe establecer cambios para poder ayudarlo.

Querer a un hijo no significa que siempre debas satisfacer sus caprichos, esa actitud no es parte de una buena educación. Una educación de calidad sabe de emociones y entiende muy bien de paciencia. Sé paciente con tus hijos.