Me has roto, pero me has hecho darme cuenta de mi valor. ¡Así que, gracias!


“¡Hey! Tengo que agradecerte por tratarme como lo hiciste. Fue duro entenderlo pero finalmente me mostró cómo NO quiero ser tratada. Y también pude ver cómo quiero que me traten en realidad. De esa misma forma en la que todos merecemos.

Yo no merezco a un tonto que se atreva a burlarse de mis defectos o que quiera cambiarlos y que de paso me diga que lo hace por amor. Yo sé ahora lo que valgo y merezco a alguien que me haga sentir bien conmigo misma, que me ame por lo que soy y que por nada quiera cambiarme.

Sé que no merezco estar al lado de alguien que me haga sentir triste, que sus palabras me saquen lágrimas de tristeza. Yo merezco a alguien que con mucho amor limpie mis lágrimas y haga que todo en mi vida sea mejor.

Tengo que agradecerte por no estar cuando te necesité. Así supe que no eras alguien que quería quedarse, y yo necesito a alguien que se quede.

Sí, también tengo que agradecerte por haberme engañado, ya sé que no fue mi culpa. Esquivé una bala cuando me dejaste por alguien más; sin saberlo, me salvaste de mi ceguera y mi preposición a pasar muchos años de dolor.

Gracias por no amarme porque ahora aprendía a amarme a mí misma. Me enamoré de mis cicatrices, cada una de ellas cuenta una historia con un mismo final, uno en el que sobreviví. Adoro mis estrías, mi sonrisa, mis dedos extraños y cada detalle de mí que me hace única. Pero sobre todo, me encanta mi cuerpo “imperfecto”.

Finalmente, gracias por ser el peor error de mi vida. Gracias a eso, ahora sé cómo defenderme.

Contigo pude ver cómo es una relación toxica para que nunca me vuelva a pasar. Te agradezco que destrozaras mi corazón en miles de pedazos, así aprendí a recoger cada pieza rota de mí y a amarlas con mucho pasión. Sí, admito que me sentí avergonzada por un tiempo porque no lograba admitir que fui yo misma quien te permitió hacerme tanto daño.

Me daba vergüenza contarle a mis amigos y familiares que aún estaba en esa relación contigo después de todo el daño que me habías hecho pasar.

Pero, ya no.

Porque me salvaste a mí. Cuando rompiste la relación, hiciste lo que yo tanto deseaba pero temía hacer por miedo a la soledad. Y sí, me dolió. Pero ese pequeño dolor es mínimo comparado con todas las lecciones que tuve que aprender estando contigo.

Ahora el dolor, es mi súper poder, me hizo crecer y he mejorado. ¡Gracias!”