Siempre tuviste la sensación de ser demasiado para él con ese corazón tan entusiasmado y tu risa vibrante, tu mente reflexiva que intimida y tu emoción descarada que impacta. Pero a él le gustaba mantener las cosas simples, sin complicarse en ningún aspecto. Nada serio, nada profundo y menos complejo. Nada que le hiciera pensar o sentir demasiado.

Tú asustada de espantarlo y que se alejara hiciste lo que siempre haces, te hiciste menos de lo que eres. Como un rompecabezas, pieza a pieza fuiste arrancando las partes más hermosas de ti creyendo que así valdrías más para él.

Te hiciste más manipulable, más apetecible, más fácil de manejar ya que si así era como él te aceptaría y te desearía, entonces quizá también algún día te amaría. Valdría la pena, ¿no? Por él. Entonces por mucho tiempo fingiste ser feliz, te hiciste creer que lo eras, pero entonces aquellas piezas arrancadas empezaban a llamarte, tu cuerpo ansiaba recuperarlas para sentirte completa de nuevo, sentirte como tú eres una vez más. Pero dijiste no, otra vez, porque eras demasiado para él y lo ibas a asustar.

Intentaste convencerte de que así podías sobrevivir como solo una silueta sin sustancia, sin alma. Ya estabas vacía, sin peso y luchaste por sostenerte más tiempo esperando que él te amara, que fueras lo mínimo que él deseaba. Hasta que tuviste la necesidad inevitable de juntar las partes que te habías arrancado, aquellas que te completaban.

Entonces, una pieza a la vez, comenzaste a restaurarte. Lentamente y en silencio; tal vez él no lo notaba o tal vez sí y quizá de alguna forma él podría amar esas partes extras de ti.

Cuanto más completa te volviste, más difícil fue luchar contra tu propia verdad, tu esencia. Compartías tu mente, tus pensamientos, tus opiniones; reías con abandono, le diste entrada a la alegría, la tristeza, la ira, el entusiasmo, el miedo, la confianza, el amor, todas las emociones fluían de ti como una corriente imparable de agua. Abrazaste tu imaginación, tus pasiones, tu creatividad, el intelecto que ocultabas, la complejidad de tu personalidad, tu intuición, tu espíritu salvaje y tu corazón feroz.

Te convertiste en quien siempre debiste ser. Y luego, él se fue.

Te convertiste en “demasiado”. Te culpaste a ti misma como si hubieses hecho algo mal; pensando en que si te hubieras quedado pequeña, siendo menos de lo que eras, él no se habría marchado. Si solo hubieses mantenido oculta esas partes fantásticas de ti. Si solo no lo hubieras asustado.

No.

No eres demasiado para él.

Él nunca fue suficiente para ti.

Necesitas en tu vida a alguien que sea más que un niño tonto que se asusta. Un niño que solo quiere sumergir sus pies en aguas poco profundas por temor a ahogarse. Alguien que no tiene interés más allá de la superficie de tu piel.

Necesitas un hombre con el corazón de un guerrero, valiente, leal y fuerte. Alguien que sea profundo y apasionado y lleno de complejidades como lo estás tú.

Tal vez lo encuentres. Tal vez no. De cualquier forma no importa, porque él no es el héroe de tu historia, eres tú. Porque tú eres suficiente y todo lo que siempre necesitarás está justo dentro de ti. Dentro de tu glorioso y maravilloso “demasiado”.