Tal vez te sientas identificado… En muchas ocasiones a pesar de todos los esfuerzos que se hagan y la lucha incansable por mantener un matrimonio seguro y quedarse juntos para siempre, una relación puede llegar a una etapa en el que reina un estado sombrío y tóxico. Y ese estado además de afectar a la pareja y apagar el amor y el respeto que se tengan, puede causar grandes daños mentales y emocionales en los niños.

Mantenerse atados en esa toxicidad por el hecho de quedarse unidos frente a la sociedad y no demostrar a sus niños el concepto de divorcio, puede generar daños irreversibles en ellos. Para los años 50 y 60, los padres que se divorciaban eran una especie de población indeseada. Eran menospreciados por la sociedad. Pero hoy en día, el divorcio es cada vez más común. Nada más en los Estados Unidos, casi la mitad de todos los matrimonios terminan en divorcio.

Sin embargo, hay quienes se preocupan todavía por el qué dirán y por la posible influencia negativa que tiene el divorcio sobre los niños. Así que, con el objetivo de protegerlos y evitar que padezcan dolor emocional o experimenten situaciones desagradables en su ámbito social, prefieren “mantener a la familia unida”. Y se quedan juntos a pesar del desamor y la relación tóxica que llevan.

Los niños se ven obligados a vivir bajo el cobijo de matrimonios poco saludables.

En los que ya no hay amor y solo discusiones y molestias que los obligan a permanecer en un estado de tensión emocional. Tienen que soportar de sus padres la carga de la infelicidad, la indiferencia y la falta de intimidad. Todo lo experimentan los padres pero ellos reciben el peso de su relación tóxica.

No hay duda de que atravesar un divorcio es difícil, en especial para los niños. Pero tratar de criar a los hijos en un entorno abusivo y tóxico es mucho más peligroso para su salud mental.

Las siguientes son 4 formas en la que los niños sufren en matrimonios poco saludables e infelices:

Tensión emocional constante

Los niños interiorizan todo lo que pasa entre sus padres. Si pelean y se faltan el respeto todo el tiempo, ellos absorben esos argumentos y los sentimientos negativos. En vez de sentirse consolados y despreocupados por el hecho de que sus padres sigan casados, se sienten estresados y tensos. Esto desencadena condiciones físicas, emocionales y sociales en los niños. Enfrentan ansiedad, depresión y fatiga crónica.

Inseguridad sobre sí mismos

Los conflictos constantes atacan la mente de los niños, reduce su confianza y acaba con toda su energía positiva, dejándolos al final sin ninguna paz interna. Experimentan la necesidad de ser amados pero rechazan la cercanía de sus padres por temor. En vez de ayudarlos a desarrollar su verdadero potencial y estimular sus capacidades intelectuales, sabotean sus esfuerzos de aprendizaje y crecimiento.

Desarrollan miedo a la intimidad

El matrimonio de los padres es la primera muestra de amor y apoyo que conocen los niños, y la forma en que sus padres se traten representa una etapa muy importante para ellos. Esto afectará la forma en que perciban las relaciones románticas a futuro.

A los niños que crecen en matrimonios infelices se les dificulta acercarse a otras personas. La intimidad les ocasiona un desfile de traumas dolorosos del pasado, todos a causa de la frialdad y la disfunción de sus padres para valorarse. De esa forma evitan la intimidad, evitan ser lastimados.

Problemas de humor

Los matrimonios tóxicos producen hijos con más probabilidades de tener problemas de humor severos como la distimia o trastorno depresivo persistente. Si ese tipo de condiciones no se trata genera otros trastornos de la personalidad que los puede guiar al abuso de sustancias. Los matrimonios infelices les enseñan a los hijos a abandonar la esperanza y el optimismo desde pequeños; también hacen que deban madurar más rápido de lo debido y se pierdan de su etapa más hermosa, la infancia.

No castigues a tus pequeños a vivir en un ambiente hostil ni se obliguen como padres a ser infelices. Más bien demuestren a sus hijos el significado del respeto a través de una separación amigable en el que no se pierde el sentido de la familia y se fomenta cada día el amor.