Quizá alguno de los que lee esto sabe de lo que hablamos porque ya estudió en algún momento Economía Doméstica o Ciencias de la Familia y el Consumidor en la escuela.  Cuando se impartían esas clases procuraban enseñar a los niños y jóvenes habilidades básicas y necesarias para la vida. Cosas que con el avance de la tecnología y de la sociedad parecen haber quedado inutilizadas por completo. Lo cierto es que sí hace falta.

En aquel entonces, las niñas aprendían a coser, cocinar y administrar el presupuesto y las finanzas del hogar mientras que los chicos aprendían a construir cosas y usar herramientas básicas, así como la reparación de cosas. Todo eso y otras cosas más para ambos. Puede incluso parecer un poco sexista si limitamos las tareas entre géneros, pero eso podría arreglarse hoy en día. El caso es que esa clase tenía sus puntos positivos y muy buenos objetivos. Preparar a los jóvenes para resolver asuntos cotidianos.

Sin embargo, en esas clases fundamentaban sus enseñanzas en que los niños debían crecer y convertirse en hombres fuertes, que fueran capaces de construir y arreglar todo lo que se descompusiera; que debían saber cómo usar herramientas básicas como un taladro o una sierra, o saber cómo trabajar con metal y madera. Y las niñas debían convertirse en buenas esposas y excelentes amas de casa, que se desenvolvieran bien en tareas como limpiar, cocinar, coser, planchar y otras.

La materia impartida en las escuelas desapareció porque el concepto de familia tradicional ha evolucionado con el tiempo con cambios tanto positivos como negativos.

Lo cierto es que hoy en día, los programas escolares ya no tienen esas lecciones esenciales para la vida. No se cree que el curso en sí sea adecuado para módulos educativos con una sociedad tan diferente. Así que los colegios ahora solo enseñan clases regulares con aprendizaje basado en las capacidades.

Pero muchos padres ahora se la pasan preocupados porque sus hijos no tienen ningún conocimiento sobre habilidades básicas para sobrevivir siendo adultos en sus propios hogares.

No es que se tenga que obviar el inglés, la historia y la aritmética, esas clases son los cimientos para cualquier profesión. Pero sí es esencial también aprender sobre asuntos financieros del hogar porque todo ser humano necesita tener las habilidades básicas de sobrevivencia estando solos y cuando forman su propia familia. Cosas como cocinar, administrar sus ingresos y ayudar a construir una sociedad sólida.

En algunos centros no se han abandonado por completo estas clases, pero sí las han relegado a ser cursos opcionales junto a otros como Alimentación y Nutrición o Salud y Seguridad. La calidad es ahora muy reducida. Para el 2012, 3 millones y medio de estudiantes decidieron tomar clases de Ciencias de la Familia y el Consumidor. Ese número representa una disminución del 38 por ciento de estudiantes en 10 años.

Aunque hay que agregar que lo que se enseña en esas clases también ha evolucionado. La presidenta de la Asociación de Educadores de Ciencias de la Familia y el Consumidor en Estados Unidos, Susan Turgeson, indica que ahora las clases incluyen temas útiles como la siembra, el tratamiento del suelo y técnicas de hidroponía.

Aunque algunos ven innecesarias estas clases, en realidad podrían hacer una gran diferencia en la vida de esos niños y jóvenes cuando entren en la adultez. Tendrían un conocimiento más amplio sobre cómo ahorrar y ya tendrían las habilidades básicas para sobrevivir en su propio hogar.