Creíste que nunca te pasaría, que jamás te atreverías a decir tal cosa, pero te llegan a hacer tanto daño que no te queda más opción. Llega un momento en que dices “ya no más”, que ya tuviste suficiente y le comunicas: “Oye, te estoy dejando ir. Te estoy sacando de mi vida, pero no es porque quiero vengarme, o porque estoy siendo egoísta, me voy porque tu amor ya no es suficiente, ya no me mereces más”.

“No me mereces más”

Cuando dejas de importarle a la persona que amas, si ya no le preocupas ni te pone atención al menos un poco, empiezas a sentir que no tiene sentido seguir adelante. Alguien así ya no merece el tiempo, la energía y el esfuerzo que has invertido tanto en esa relación. Es como si todo lo que ya habías logrado se hubiese ido deteriorando poco a poco. El amor se fue esfumando mientras tú quedas a la deriva. Así que esa persona no merece todas esas lágrimas que has derramado por su culpa.

Ya no merece las palabras dulces que le decías siempre para elevar su ánimo cada vez que experimentaba tristeza o preocupación, o cada vez que tenía un día difícil en su trabajo. Ya no merece tu romanticismo, hiciste de todo para que su vida como pareja se mantuviera en estado de emoción, pero dejó de importarle.

Le estás dejando ir, pero no porque ya no sientes amor, por el contrario, el amor sigue latente y hasta más fuerte por el dolor que te deja la decisión que has tomado. Tu amor siempre fue sincero y genuino, nunca disminuyó. Lo que sí se acabó fueron las esperanzas, se acabaron las posibilidades y las oportunidades que le diste. No se molestó en valorar las veces que le perdonaste su indiferencia, sus errores y jamás cumplió su palabra de cambiar contigo. Sin duda no te merece más.

Le estás soltando porque ya no te quedan excusas que darle a sus promesas vacías y sus excusas ridículas.

Ya te quedaste sin argumentos y no puedes seguir permitiéndote ser su apoyo mientras que tú dejaste de ser importante hace mucho tiempo. Ya no puedes justificar las mentiras, las palabras hirientes, los cambios drásticos de temperatura, los errores. Tú eres una persona que siente, pero eso ya no le preocupaba.

Le estás dejando ir porque ya no merece tu amabilidad, tu compasión y mucho menos tu paciencia. Incluso la persona más empática y amorosa tiene un límite, y ya tú llegaste al tuyo.

Te esforzaste demasiado, siempre quisiste que fuera feliz, le ayudaste a alcanzar sus metas, le animaste cuando sentía que no lo lograría y gracias a ti ahora tiene cada vez más éxito. Hiciste de todo para que creciera, extendiera sus alas y volara muy alto, y también hiciste de todo para sostener la relación. ¿Y qué obtuviste a cambio por todo ese esfuerzo?

Mentiras, desilusiones, decepciones, confusión, tristeza, promesas rotas, juegos de culpa y manipulación. Así es como pagó tu amor incondicional. Tienes todos los motivos para sentir ese agotamiento, es comprensible tu decisión y no puedes seguir esperando o el dolor te consumiría.

Has intentado ya tantas veces salvar la relación que ahora lo que sientes es cansancio y que de igual forma, al final, no te aman como tú amaste. Ya no puedes esperar a que te devuelva la misma mirada que tú le dabas, esa llena de calidez, afecto, respeto y amor. Empezabas a deshacerte de tu esencia con la esperanza de que te valorara, olvidaste cuáles eran tus prioridades y deseos. Olvidaste a la persona que eras porque siempre ponías sus sentimientos y necesidades antes.

Es tiempo de buscar tu felicidad.

La cuestión es que amaste profundamente, entregaste por completo tu corazón, pero ese amor nunca llegó devuelta. Siempre mantuviste la ilusión porque así te lo hizo creer, te hizo pensar que sí te valoraba, que sí tendrían un futuro juntos, pero nunca pasó y cada vez ibas perdiendo más tu identidad.

Por lo tanto, ahora lo estás dejando ir. Es tiempo de dedicarte únicamente a ti, a respetarte y permitirte ser capaz de elegir en tu vida. Es tiempo de buscar tu felicidad en otro lugar.